Sobre Mí

Foto profesional de la body piercer

Mi primera experiencia con el mudo del piercing fue acompañando a una amiga que se realizó la perforación del ombligo y la lengua, tendríamos 14 años. No recuerdo muy bien como se hizo el procedimiento pero, por la época en que fue, imagino que “de aquella manera”. Lo que si recuerdo es que pensé “qué profesión tan peculiar la de perforadora corporal, debe ser interesante”, lo que nunca imaginé es que algún día me dedicaría a ello con la pasión con que lo hago hoy. Las siguientes experiencias fueron perforándonos los lóbulos entre amigas con los métodos más irrisorios que os podréis imaginar.

El tiempo pasó y, casualidades de la vida, empecé mi relación con un tatuador (que hoy es el padre de mi hija). Después de muchos años juntos, él decidió abrir nuestro estudio Subdermo Tattoo and Piercing Studio donde, en un principio, yo no formé parte de la plantilla, pues tenía otros estudios, otro trabajo y otros intereses. Sin embargo sí que me seducía la idea de ser la anilladora oficial del estudio, pero no me sentía con la suficiente seguridad de comenzar algo así (al menos para hacerlo con la calidad necesaria). El caso es que en 2020, un buén día, uno de los artistas del estudio se prestó para perforarse los lóbulos por mi y... ¡saltó la liebre!.

A partir de ese momento en que me vi capaz, comencé a formarme sin parar. Mi primer curso con José Miguel Pagadizábal que me dió las alas para comenzar. A partir de ahí no he dejado de investigar y mejorar técnicas y maneras de entender el piercing. Así sucedió con mis prácticas en el estudio de Yannet Arias (Yanni Piercing, Zaragoza) o en seminarios de entidades como la C.E.P. (Comunidad Española de Perforadores), APPE (Asociación Profesional de Perforadores Españoles) o el Colectivo Sala Solidaria para aprender sobre más y mejores técnicas de perforación, de trato con las personas, de joyería, primeros auxilios, esterilizado... y así ofrecer lo mejor a mis clientes.

La evolución que ha tenido el mundo de las perforaciones desde aquella primera experiencia como acompañante de mi amiga, es maravillosa y constante. Por eso no hay que dejar de evolucionar y seguir aprendiendo.

En todo este tiempo he podido abrir mi mente sobre el mundo del piercing en muchos aspectos que desconocía y he podido conocer a personas que están en el mismo camino que yo, otras que llevan más camino andado y otras que llevan mucho menos pero, en definitiva, una comunidad que respeto y admiro.

Hasta ahora solo puedo decir que adoro esta profesión, tratar con las personas y ver cómo sonríen emocionadas con sus nuevos piercings.